Me encantan las tardes después de un día de calor intenso, cuando el sol se empieza a esconder detrás de algunas montañas, cansado de inundar al mundo de luz. Son esos momentos en los que el cielo parece arder y uno piensa en lo bello que es poder apreciar pequeños instantes como ese y tener el privilegio aun de respirar aire puro sin tener que alejarse de casa. Esta fue una tarde así, después de un día ajetreado, del tráfico de medio día, de gritos, risas, conversaciones y un completo vivir. Definitivamente después de días así, la gente necesita un descanso, un respiro, un recordatorio de que aunque la vida corra rápido el mundo sigue ahí contemplando nuestro andar, viéndonos existir sin vivir, vivir sin existir dando ese completo al planeta que no sería el mismo sin nuestro respirar.

No hay comentarios: